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Oscuro abril de 1994 - Ruanda

En abril de 1994 inició el proceso planificado de exterminio de la etnia Tutsi en Ruanda. En el período de tres meses 1 millón de almas fueron masacradas y desmembradas con machetes a lo largo y ancho de este país, esto equivale a la mitad de la población de Caracas. Dos tercios de la población de Ruanda fue desplazada, 2 millones de personas se refugiaron en países vecinos.  Las mujeres y los niños fueron los principales objetivos del genocidio para evitar que otra generación de esta etnia volviese a emerger.  El mundo observó desde lejos lo que ocurría y no hizo nada. Este es el hecho histórico que más verguenza genera en la comunidad internacional.  ¿Cuanto odio es necesario para que esto ocurriera? Mucho.  Este odio impulsado desde la prensa y fundamentado en divisiones coloniales y en rencores de la élite política fue el motor que movilizó el genocidio.  En Ruanda, nadie entiende bien como sucedió, muchos aún hoy no pueden creer lo sucedido. Es un proceso social traumático que aún

Temía detenerme y el mundo se detuvo para mí

Siempre he dicho que mi vida va muy rápido, todo lo he vivido en poco tiempo y a veces esa velocidad me asusta. 2020 arrancó con mucha fuerza en lo personal y en lo laboral para mí. Viví procesos emocionales muy fuertes y novedosos, cantidad de emociones y procesos. En lo laboral estuve logrando metas operativas y financieras los primeros dos meses del año y estuve sometido a altos niveles de estrés.

Había querido detenerme un momento, mi vida y mis proyectos pausarlos unos días mientras me permitía la oportunidad de respirar, reflexionar y continuar adelante. Sin embargo, esa pausa nunca llegó. Temía detenerme porque el que yo lo hiciese no significaba que todo afuera también lo hacía, es decir, si yo me detenía el mundo continuaría moviéndose y demandando de mí más movimiento, si yo me detenía en medio de todo ese movimiento corría el riesgo de ser desplazado e incluso reemplazado, algo que sentía que no podía permitirme.

Cuando las autoridades de Venezuela anunciaron la llegada de los primeros dos casos de COVID-19 al país, yo me encontraba en un evento internacional y en una de las semanas más activas social y laboralmente. Ya habíamos previsto en mi organización que el virus llegaría al país, sin embargo, nos tomó por sorpresa la rapidez con la que lo hizo. Fue así como una pandemia detuvo al mundo, y no tuve miedo a detenerme con él.

El primer fin de semana fue un poco intenso, leyendo noticias, reportes y demás mi cabeza estuvo a punto de explotar en tan solo dos días. Al tercer día tomé la decisión de que no me engancharía más con las noticias que inundan las redes sociales y cualquier portal que se visite en estos días, y que dedicaría estas próximas semanas a hacer precisamente lo que había querido hacer desde hace tiempo: Nada.

Lo primero que hice fue cambiar mi interpretación de todo lo que estaba pasando, porque cuando cambiamos la interpretación de cualquier suceso hacemos que cambie también el juicio que le damos a ese suceso en cuestión. Dejé de ver esta situación particular y extraordinaria como el fin del mundo y pasé a verla como el regalo perfecto que el universo me estaba dando para permitirme detenerme tal y como quería hacerlo desde hace tiempo.
Por supuesto he tomado las medidas necesarias para protegerme a mí y a los míos, por primera vez no tengo un plan sobre lo que voy a hacer ante esto, pero si tomé la decisión de que de esta cuarentena salimos sanos física y mentalmente, y desde que tomé esa decisión todo lo que hago está relacionado con ella.

Ahora mismo llevo 16 días sin salir de casa, todos los proyectos de la organización se han detenido, todos los eventos y conferencias a los que había sido invitado se han cancelado y las próximas semanas pienso dedicarlas para escribir más detenidamente en este blog, limpiar mi apartamento, leer libros que me han regalado y que tengo pendientes, ver netflix, cocinar y contactar con viejos amigos a los que no siempre tengo el tiempo para llamar. Eso es lo que he hecho las últimas dos semanas y lo mismo que planeo para las próximas por venir.

No sé cuánto durará esto, nadie lo sabe, pero de que salimos, salimos. Tomate este tiempo también para ti, detente, observa, valora y agradece las cosas pequeñas y lo privilegiados que somos. Lo más importante, mantente en casa.

Con cariño,

-Luis.

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