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8° Mandamiento: Deben dejar de sentir compasión por los Tutsis.

En 1990, el medio de comunicación ruandés pro-genocidio llamado Kangura publicó lo que se conoció como "Los Diez Mandamientos Hutu", y dichos mandamientos fueron como ley divina para un pueblo profundamente devoto de la fe.  El desarrollo de la compasión es lo que nos caracteriza como seres humanos, y el octavo mandamiento llamaba a la cancelación de esta cualidad y emoción, lo que es igual a pedirle a seres humanos que dejen de ser humanos.  En todo conflicto, es fácil sentirse identificado con las víctimas y sentir compasión por ellas. ¿Saben que es lo difícil? Identificarse con los perpetradores de los hechos y sentir compasión por ellos.  Durante los primeros días en Ruanda mi mente inconscientemente intentaba identificar a las personas en la calle de acuerdo a su pertenencia a una etnia en específico. Me sentí muy culpable y avergonzado.  Quería saber quienes eran víctimas y quienes podían haber sido potenciales victimarios.  Cuando fui al Museo "Campaña contra el G

Temía detenerme y el mundo se detuvo para mí

Siempre he dicho que mi vida va muy rápido, todo lo he vivido en poco tiempo y a veces esa velocidad me asusta. 2020 arrancó con mucha fuerza en lo personal y en lo laboral para mí. Viví procesos emocionales muy fuertes y novedosos, cantidad de emociones y procesos. En lo laboral estuve logrando metas operativas y financieras los primeros dos meses del año y estuve sometido a altos niveles de estrés.

Había querido detenerme un momento, mi vida y mis proyectos pausarlos unos días mientras me permitía la oportunidad de respirar, reflexionar y continuar adelante. Sin embargo, esa pausa nunca llegó. Temía detenerme porque el que yo lo hiciese no significaba que todo afuera también lo hacía, es decir, si yo me detenía el mundo continuaría moviéndose y demandando de mí más movimiento, si yo me detenía en medio de todo ese movimiento corría el riesgo de ser desplazado e incluso reemplazado, algo que sentía que no podía permitirme.

Cuando las autoridades de Venezuela anunciaron la llegada de los primeros dos casos de COVID-19 al país, yo me encontraba en un evento internacional y en una de las semanas más activas social y laboralmente. Ya habíamos previsto en mi organización que el virus llegaría al país, sin embargo, nos tomó por sorpresa la rapidez con la que lo hizo. Fue así como una pandemia detuvo al mundo, y no tuve miedo a detenerme con él.

El primer fin de semana fue un poco intenso, leyendo noticias, reportes y demás mi cabeza estuvo a punto de explotar en tan solo dos días. Al tercer día tomé la decisión de que no me engancharía más con las noticias que inundan las redes sociales y cualquier portal que se visite en estos días, y que dedicaría estas próximas semanas a hacer precisamente lo que había querido hacer desde hace tiempo: Nada.

Lo primero que hice fue cambiar mi interpretación de todo lo que estaba pasando, porque cuando cambiamos la interpretación de cualquier suceso hacemos que cambie también el juicio que le damos a ese suceso en cuestión. Dejé de ver esta situación particular y extraordinaria como el fin del mundo y pasé a verla como el regalo perfecto que el universo me estaba dando para permitirme detenerme tal y como quería hacerlo desde hace tiempo.
Por supuesto he tomado las medidas necesarias para protegerme a mí y a los míos, por primera vez no tengo un plan sobre lo que voy a hacer ante esto, pero si tomé la decisión de que de esta cuarentena salimos sanos física y mentalmente, y desde que tomé esa decisión todo lo que hago está relacionado con ella.

Ahora mismo llevo 16 días sin salir de casa, todos los proyectos de la organización se han detenido, todos los eventos y conferencias a los que había sido invitado se han cancelado y las próximas semanas pienso dedicarlas para escribir más detenidamente en este blog, limpiar mi apartamento, leer libros que me han regalado y que tengo pendientes, ver netflix, cocinar y contactar con viejos amigos a los que no siempre tengo el tiempo para llamar. Eso es lo que he hecho las últimas dos semanas y lo mismo que planeo para las próximas por venir.

No sé cuánto durará esto, nadie lo sabe, pero de que salimos, salimos. Tomate este tiempo también para ti, detente, observa, valora y agradece las cosas pequeñas y lo privilegiados que somos. Lo más importante, mantente en casa.

Con cariño,

-Luis.

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