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Oscuro abril de 1994 - Ruanda

En abril de 1994 inició el proceso planificado de exterminio de la etnia Tutsi en Ruanda. En el período de tres meses 1 millón de almas fueron masacradas y desmembradas con machetes a lo largo y ancho de este país, esto equivale a la mitad de la población de Caracas. Dos tercios de la población de Ruanda fue desplazada, 2 millones de personas se refugiaron en países vecinos.  Las mujeres y los niños fueron los principales objetivos del genocidio para evitar que otra generación de esta etnia volviese a emerger.  El mundo observó desde lejos lo que ocurría y no hizo nada. Este es el hecho histórico que más verguenza genera en la comunidad internacional.  ¿Cuanto odio es necesario para que esto ocurriera? Mucho.  Este odio impulsado desde la prensa y fundamentado en divisiones coloniales y en rencores de la élite política fue el motor que movilizó el genocidio.  En Ruanda, nadie entiende bien como sucedió, muchos aún hoy no pueden creer lo sucedido. Es un proceso social traumático que aún

Hablemos de los pequeños grandes logros


En noviembre del pasado año caí en cuenta que estaba deprimido, en diciembre un familiar cercano pensó en el suicidio  como una forma de escape, este mes de enero descubrí que un vecino y un par de amigos están también atravesando un proceso depresivo. Puede que lidiar con todo esté siendo difícil para todxs últimamente y quiero dedicar esta entrada de mi blog a todxs quiénes creen que no es posible llevar esto mucho más, y aquellos que en medio de su proceso también van conquistando pequeños grandes logros. 

Nunca había sido tan difícil hacer algo por mi propia cuenta como en aquellos últimos meses de 2020, nunca antes me había sido tan difícil decidir tomar un baño, nunca antes me había sido tan difícil llenar la alacena de comida (aunque mis posibilidades económicas me lo permiten), nunca antes había sido tan difícil pararme de la cama, salir a cortarme el pelo, dar un paseo, prepararme una comida, hacer una llamada, nunca antes había sido tan difícil. 

Sensaciones de soledad y de vacío inundaban mi ser durante esos meses, unos meses de reconocimiento y rendición. Había pasado tanto tiempo dando a los demás que llegó un punto en el que ya no había más para dar, ni siquiera a mi mismo.  Entonces comprendí la importancia del equilibrio entre dar y recibir. No es una situación de egoismo, sino de autoestima. No se trata de no-dar sino de dar en su justa medida. 

El proceso no es tan reflexivo, ni tan lineal. Sino más bien tortuoso y autoflageloso. Múltiples preguntas del tipo ¿Cómo me permití llegar a este punto? ¿Como fue que esto sucedió? que golpean la sien durante el día y que golpean con más fuerza por las noches. 

No es una sola la causa que genera la depresión, son muchos procesos que se entremezclan al mismo tiempo en la cabeza, y que nos hacen un gran llamado de alarma para parar y sanar antes de continuar. 

A finales del año pasado empecé a ocuparme de mi mismo y poco a poco fui conquistando pequeños grandes logros, y fue así como decidí ir al médico por una afección que tenía tiempo molestándome, fue así como decidí ir a comprarme unos nuevos lentes ya que los que tenía se me habían roto meses atrás, fue así como decidí hacer compras, bajar al parque, llamar a amigos y hablar. 

Quiero felicitar a quiénes poco a poco empiezan también a conquistar pequeños grandes logros, invisibles, sin embargo, llenos de significado, de dolor y de amor al mismo tiempo. 

A quiénes están atravesando un proceso depresivo solo me queda decirles: no están solos. 

- Luis Alvarado Bruzual 

PS: Hoy ya me siento mucho mejor, he iniciado este nuevo año inmerso en un proceso creativo maravilloso que intento aprovechar al máximo hasta que dure, porque algo que me enseñó 2020 fue que nuestros estadios emocionales no son permanentes

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