Ir al contenido principal

Simón dice: Recuerda

Cuando llegué a Caracas, desde mi pueblo original de residencia, en Septiembre de 2014, la Capital de Venezuela se encontraba recuperando de una jornada intensa de protestas que habían ocurrido a inicios de año. Para el momento en que llegué a Caracas reinaba una especie de normalidad, y posiciones encontradas sobre la justificación de las protestas. Para ese momento, algunos alimentos empezaron a escasear pero nadie imaginó lo que vendría luego.  Mi primera semana de clase en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela en Diciembre de ese año también fue un poco intensa. La universidad se preparaba para elecciones de representantes estudiantiles tanto a nivel federativo como a nivel de facultades y escuelas. Esa primera semana de clases, algunas clases se interrumpían cuando ingresaba algún candidato al salón con autorización del profesor de turno para darnos su discurso y motivar el voto a su favor. En el primer semestre de la carrera no entie

Sobre los choques culturales en mi propio país

Al regresar a Venezuela, luego de 3 meses viajando entre África Oriental y Medio Oriente en 2022, experimenté por primera vez un choque cultural en mi propio país. Había pasado el último mes en Turquía, donde por diversas razones las bebidas alcoholicas son más caras que en mi país, pero donde las personas no necesitan de ellas para disfrutar. En Turquía las fiestas se arman a partir de cay (té), y largas conversas en espacios públicos, todos los días, casi todo el día, y con mayor afluencia en las tardes. Crecí en un país en el que la edad promedio para iniciar a consumir alcohol es 11 años, y desde entonces toda nuestra vida social la construímos con base en el alcohol. Cuando le das tanta importancia al alcohol, te olvidas de lo realmente importante que es lo que ocurre alrededor de él: encuentros sociales, compartir con amigos, familia, etc. Cuando reconoces lo que es realmente importante, puedes lograrlo a través de distintas formas. En fín, al regresar a Venezuela me invitaron a una boda de unos amigos muy queridos, en los que decidí beber agua durante toda la celebración, y aunque me disfruté la fiesta, bailé casi todos las piezas musicales, las preguntas que me hacían era "¿estás bien?" estaba maravillosamente bien, venía llegando de un viaje maravilloso y estaba rodeado de mis amistades. Luego de la boda, me comentaron que algunos invitados comentaron que yo estaba aburrido, lo cuál me sorprendió. Sus percepciones venían dadas por mi decisión de no tomar alcohol durante la celebración. Fue allí cuando tuve mi primer choque cultural en mi propio país, sobre la forma en la que nos relacionamos con las bebidas alcoholicas. Beber alcohol o no, debe ser siempre una decisión y no una norma social. 
Luego de ese viaje empecé a tener un dilema permanente asociado a otro choque cultural. En África Oriental y en Turquía mi concepción del tiempo y del trabajo cambió mucho, influenciado por los estilos de vida más despacio, "más relajados", de las personas en estos lugares del mundo. Al llegar a Venezuela me percato de lo realmente occidentalizados que estamos y de lo inmerso que estamos en una cultura de "productividad" sin sentido, una cultura de hiperactividad y multi-tareas que termina agobiando y quemando el cuerpo físico y mental que nos sostiene de pie. 

El dilema entre una vida más lenta y una cultura que te obliga a mantenerte ocupado para tener sentido de vida. El dilema entre querer una vida lenta y la sensación parecida al síndrome de abstinencia pero del trabajo, producto de años de socialización. Otro choque cultural en mi primer mes en mi país. 

Durante 2022 estuve viajando tanto, en tantos husos horarios, impregnandome de tantas culturas y formas de vivir la vida tan diferentes, y al mismo tiempo mi país estuvo cambiando permanentemente su economía, su estándares sociales, sus patrones de consumo, sus personas referentes, entre otras muchas cosas a un ritmo muy rápido, que en algún punto me he sentido extraño en mi propio país. "Síndrome del viajero eterno" le llaman en psicología. 

Al viajar, mi identidad se va transformando a partir de cada experiencia vivida, viajar me ha permitido cambiar mi forma de ver la vida, y transformarme cada día. Supongo que la tensión entre quién soy ahora, quién era antes y quién esperan que continúa siendo, me acompañará un tiempo más. 

Todo pasa y todo queda
Pero lo nuestro es pasar
Pasar haciendo caminos
Caminos sobre la mar

Nunca perseguí la gloria
Ni dejar en la memoria
De los hombres mi canción
Yo amo los mundos sutiles
Ingrávidos y gentiles

Caminante son tus huellas el camino y nada más
Caminante, no hay camino se hace camino al andar

- Antonio Machado 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Proceso de Elaboración del Queso Guayanés

Datos históricos señalan que la elaboración de quesos en territorio venezolano comenzó en el siglo XV, cuando la actividad agropecuaria era la más importante en nuestro país. Muchos quesos pueden considerarse como ‘nacidos en Venezuela’ como el queso telita, de mano, de siquire, el de cartera, palmizulia, el guayanés y muchos otros. Un venezolano te conoce la diferencia entre un telita, uno de mano y el guayanés con solo probarlo, los quesos artesanales se hacen por todo el territorio nacional y estos son los más consumidos en la dieta del venezolano. Nada mejor que despertarse por la mañana y desayunar con una arepa rellena de queso guayanés, un poco de aguacate y un guayoyo de acompañante, inevitablemente el queso ya forma parte de la tradición venezolana. Para que el queso llegue a la mesa y acompañe a una arepa recién hecha tiene que pasar por distintos procesos biológicos y de cocción, además de que lleva consigo un arduo trabajo. Todo el proceso empieza en una finca

El Saladillo: Color y Más Color.

El Saladillo es un sector popular de Maracaibo, símbolo regio de la zulianidad. Sus calles y sus casas son una auténtica mezcla de sentimientos y tradiciones. Unos colores vibrantes que se le mete a uno las venas y nunca se le sale del pensamiento. Estas calles han sido fuente de inspiración para numerosos poetas y gaiteros. Su gente está muy conectada con la Virgen de la Chiquinquirá. Fue una de sus habitantes, María Cárdenas, quien se encontró –mientras lavaba en el Lago- una tablita que mostraba lo que parecía ser una imagen religiosa a la que no le tomó importancia hasta que los milagros comenzaron a suceder y, fue así como en El Saladillo comenzó la devoción hacia la Chinita. Este sector data del siglo XVIII y sus casas fueron construidas de tal manera que aguantaran el inclemente sol que hace en estas tierras sin que sus propietarios se achicharraran por el calor en el interior de estas. Construidas frente al lago –en su costa occidental- con calles que conducen

Guía para viajar a El Hatillo: Un pueblo cultural

El pueblo de El Hatillo, que en principio era conocido como “El Jatillo”,   comenzó siendo un lugar de paso para los arrieros que viajaban desde los Valles del Tuy hasta Petare, pero en 1773 Baltazar de León llego de Cádiz para asentarse en un lugar tranquilo, en alguna zona montañosa de Caracas donde descansar después de una vida ajetreada en contra de la Corona  Española y se encontró con El Hatillo. El entusiasmo, liderazgo y las ideas visionarias de Baltazar de León nunca cesaron, su energía lo lleva a constituir una comunidad y en 1776 inaugura la Iglesia de Santa Rosalía de Palermo, actualmente el símbolo cultural más importante de El Hatillo que finalmente es fundado en 1784. El Hatillo es el principal lugar de disfrute y de descanso de los que viven en Caracas debido a la poca distancia. El Hatillo se encuentra ubicado al Sureste de la capital venezolana, y los fines de semana se encuentra repleta de personas que van en búsqueda de un poco de paz. Este pueblo per