Venezuela
***ENGLISH BELOW***
Nota: Este texto forma parte de una investigación y un análisis más amplios llevados a cabo en el marco de mis estudios de Máster en Estudios Internacionales sobre la Paz en el Instituto Kroc de la Universidad de Notre Dame.
Creo que la democracia debe ser ampliamente participativa, por lo que, mientras lees esta página, te invito a que publiques comentarios y opiniones de forma anónima sobre la propuesta, en este enlace: pol.is. Y también podrás votar por los comentarios y opiniones que otras personas hagan. El objetivo es abrir la conversación, sin llegar necesariamente a conclusiones.
Resumen:
Esta investigación sostiene que los retos que plantea garantizar la apropiación venezolana en el proceso de transición a la democracia podrían tener implicaciones para la sostenibilidad del proceso a largo plazo y podrían constituir un motivo más para el aumento del conflicto social y la violencia organizada, lo que generaría una mayor fragmentación social. Considera que hay pocas posibilidades de que el actual proceso venezolano sea tan representativo como sería necesario. Se trata de un conflicto impulsado por las élites, tanto dentro como fuera del país, y las posibilidades de abordar las dinámicas de poder son muy limitadas en el proceso de transición política hacia la democracia. Lo cual podría significar que cualquier intervención en el contexto actual de Venezuela, a corto plazo, solo tenga como objetivo abordar acuerdos de reparto de poder y algunas reformas institucionales, sin implicaciones importantes para la violencia estructural.
El investigador considera que el principal punto de influencia está relacionado con el trabajo con los actores de la sociedad civil local en Venezuela y con los miembros de la diáspora para fomentar la confianza entre grupos y mejorar la comunicación entre ellos, con el objetivo de fortalecer la cohesión social transfronteriza y contribuir al desarrollo de una estrategia y una propuesta conjuntas a largo plazo para el proceso de democratización en Venezuela.
Contexto:
Entre 2022 y 2023, con el apoyo del Instituto de la Paz de Estados Unidos, facilité una serie de diálogos sobre la migración en Venezuela y Colombia, dirigidos a diferentes públicos: venezolanos que nunca han emigrado y que no tienen intención de hacerlo, migrantes venezolanos en Colombia y venezolanos retornados. Esta serie de diálogos se llevó a cabo con el objetivo de comprender mejor las complejidades del proceso migratorio y fomentar la empatía entre los distintos grupos.
Las principales conclusiones de esta serie de diálogos pusieron de relieve el impacto transversal de la migración en la vida de todas las personas, incluso en aquellas que nunca han salido del país, y señalaron la tensión existente entre todos los grupos, basada en prejuicios comunes y en la presencia de emociones difíciles como la culpa, el resentimiento, la frustración, el miedo e incluso el odio.
Cuando se les preguntó quién debería liderar una posible transición en el país, los venezolanos que nunca migraron del país mencionaron enfáticamente su propio papel protagonista como compensación por haberse quedado y como recompensa por soportar condiciones difíciles, al tiempo que minimizaban el papel de la diáspora, a cuyos miembros consideran traidores y miembros de la élite. Por otro lado, los miembros de la diáspora consideran que, debido a las difíciles condiciones del país, las personas que se quedaron en Venezuela no son capaces de liderar una transición política y social, ya que son víctimas de la desnutrición, la falta de educación de calidad, la represión y otras formas de violencia política; además, en algunos casos, se considera que los miembros de las organizaciones de la sociedad civil del país son aliados del Gobierno y no están interesados en lograr reformas del sistema del que se benefician.
Según el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2024 de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), hay 281 millones de personas que viven en un país distinto al de su nacimiento, formando parte de la diáspora, lo que equivale al 3,6 % de la población mundial. La literatura sobre la diáspora es diversa y a menudo presenta el papel ambivalente de la diáspora como fuente de conflicto y como motor de la paz. A las diásporas se les culpa principalmente de financiar los esfuerzos bélicos y de promover extremistas y opiniones políticas intransigentes (Baser y Ashok, 2008), y se les critica por ser nacionalistas a distancia que pueden perpetuar los conflictos mediante el apoyo político y económico sin correr ningún riesgo para ellos mismos.
Las personas de la diáspora pueden disponer de más recursos económicos que los habitantes de su país de origen, por lo que pueden permitirse financiar la venganza. Además, constituyen un mercado receptivo para los grupos rebeldes que promueven la venganza y, por lo tanto, son una fuente de financiación para la reanudación del conflicto. También son una fuente de pesimismo respecto a la secesión (Afolabi, 2017).
Las diásporas también desempeñan un papel importante al ejercer presión sobre los gobiernos de acogida y las organizaciones internacionales, colaborando en la reconstrucción post-conflicto y, en algunos casos, ayudando a alcanzar compromisos políticos. Las diásporas comprenden la naturaleza del conflicto mejor que los mediadores externos y pueden ayudar a aportar una mejor perspectiva para diferenciar entre las necesidades y las demandas de los actores en los conflictos de su país de origen (Baser y Ashok, 2008). Las diásporas también aportan recursos profesionales y tienen el potencial de actuar como asesores durante las negociaciones de paz; además, al difundir perspectivas moderadas, como el compromiso político, la tolerancia y los puntos de vista multiculturales, a través de los medios de comunicación y el trabajo intelectual, contribuyen igualmente a los procesos de paz en sus países de origen (Hall y Ashok, 2007).
Algunos de los casos más destacados en la bibliografía sobre el papel de las diásporas en los procesos de paz de sus países de origen son la participación de la diáspora liberiana en la guerra civil de Liberia y las contribuciones de la diáspora irlandesa a los Acuerdos del Viernes Santo.
La diáspora liberiana en Estados Unidos fundó en 1974 la Unión de Asociaciones de Liberia en las Américas (ULAA) con el objetivo de denunciar las condiciones de gobernanza en Liberia, la corrupción y la desigualdad. Sin embargo, la asociación cambió drásticamente al patrocinar y apoyar a grupos armados rebeldes en diferentes años de las guerras civiles, y al instigar disturbios importantes, incluidos los disturbios del arroz de 1979 y diversas invasiones que dieron inicio a la prolongada guerra civil en 1989.
Tras la guerra, la diáspora liberiana en Estados Unidos pasó a financiar a los partidos políticos en lugar de a los rebeldes, y siguió abogando por el estatus de protección temporal (TPS) para los liberianos y participando en campañas en los medios de comunicación en línea para apoyar a los partidos moderados y exigir responsabilidades al Gobierno. La diáspora liberiana con sede en EE. UU. ha sido también uno de los principales defensores de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación como mecanismo aceptable para abordar las injusticias de la guerra y la reconciliación posconflicto (Antwi-Boateng, 2011), lo que pone de manifiesto el papel ambivalente de las diásporas.
La fuerte comunidad de la diáspora irlandesa en Estados Unidos se consideró uno de los casos más clásicos de implicación de la diáspora en los conflictos de su país de origen. Un ejemplo destacado es la influencia que la comunidad de la diáspora irlandesa en Estados Unidos tuvo en los esfuerzos por alcanzar un acuerdo para resolver el conflicto en Irlanda del Norte, presionando en su país de acogida para obtener el apoyo del presidente Bill Clinton y la posterior consecución del Acuerdo del Viernes Santo (Hall y Ashok, 2007), que proporcionó un marco para la coexistencia pacífica de las comunidades católica y protestante en Irlanda del Norte.
Desde 2017, Venezuela cuenta con un Tribunal Supremo y varios miembros del Parlamento que también se encuentran en el exilio, y desde 2024, con un presidente electo en el exilio. En este sentido, los términos diáspora y exilio, para los venezolanos, pueden llevar implícito el significado de muerte política e inacción. Sin embargo, durante su conferencia, María Corina Machado, líder política venezolana galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025 "por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y por su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia" (Premio Nobel de la Paz, 2025), reconoció el importante papel de la diáspora venezolana en las elecciones presidenciales de 2024.
La diáspora venezolana, al no poder votar en las elecciones presidenciales de 2024 debido a las restricciones impuestas por el Gobierno al registro de votantes en el extranjero, se movilizó para promover y garantizar que los venezolanos con derecho a voto acudieran a las urnas. Se pusieron en marcha estrategias para informar a la población de Venezuela sobre cómo superar los obstáculos del sistema electoral. Y antes y durante la jornada electoral, la diáspora venezolana organizó centros de llamadas para contactar con los venezolanos en el país y animarlos a votar. Como resultado de esta serie de estrategias, la oposición política ganó las elecciones y fue posible fundamentar el caso de fraude electoral certificado. Algunas de las acciones llevadas a cabo desde la diáspora pueden no parecer muy impactantes al principio, pero tienen el poder de cambiar drásticamente la historia de sus países de origen.
Análisis:
El 3 de enero de 2026, el ejército de Estados Unidos lanzó la operación Absolute Resolve con el objetivo de capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. En una declaración tras la operación, Donald Trump mencionó que Estados Unidos gobernará Venezuela hasta que se produzca una transición adecuada. Cuatro días después de la operación, Marco Rubio, Secretario de Estado de Estados Unidos, declaró que el plan para Venezuela constará de tres fases a tener en cuenta: estabilización, recuperación y transición. Menos de cuatro meses después de la operación, Estados Unidos ha reabierto su embajada en Caracas, altos funcionarios estadounidenses del sector energético han visitado Venezuela, el gobierno interino venezolano ha iniciado una serie de reformas en los sectores económico y energético para facilitar la inversión estadounidense, mientras que la violencia estructural continúa en Venezuela, el espacio cívico permanece cerrado y el proceso sigue siendo elitista y, en su mayor parte, liderado por Estados Unidos.
Este plan de consolidación de la paz considera que la falta de implicación venezolana en los procesos de estabilización, recuperación y transición generará una nueva ola de inestabilidad y aumentará la fragmentación social y el riesgo de violencia organizada a largo plazo, lo que afectará incluso a los intereses de Estados Unidos en Venezuela. Esta propuesta analiza el papel que pueden desempeñar la diáspora venezolana y los actores locales de la sociedad civil en la consolidación de la paz durante el proceso de transición democrática de Venezuela, y considera que:
- Si los venezolanos, tanto en la diáspora como los que se encuentran en el país, se apropian del proceso de transición, se mitigará el riesgo de fragmentación social a largo plazo y de violencia organizada, y el proceso de transición será más sostenible.
- Si la diáspora venezolana y los actores de la sociedad civil local en el país se unen en torno a una estrategia a largo plazo, habrá más posibilidades de que se produzca un proceso de democratización liderado por los venezolanos.
- Si el proceso de democratización da prioridad a la recuperación económica de Venezuela, la población confiará más en la capacidad de la democracia para cumplir sus promesas y el proceso será más sostenible a largo plazo.
- Si la crisis humanitaria y la recuperación económica siguen siendo los temas principales de la agenda pública en Venezuela, habrá más posibilidades de que los actores locales se impliquen, ya que esos son los principales temas de interés en la actualidad.
- Fomentar el entendimiento y una narrativa común entre los miembros de la diáspora venezolana y los actores de la sociedad civil local.
- Diseñar una estrategia de incidencia a largo plazo y un conjunto de recomendaciones de políticas para el proceso de transición y la era posterior a la transición en Venezuela.
- Lograr la representación de la diáspora y de la sociedad civil local en el proceso de transición venezolano.
- El actual conflicto político venezolano no está aislado del contexto mundial. El auge del fascismo y el autoritarismo en todo el mundo supone un obstáculo para las ideas de una mayor participación social en el proceso de democratización.
- La experiencia de la migración ha influido en la interacción de los grupos y en sus respuestas al conflicto. La sensibilización sobre el impacto individual de la migración podría ser útil para comprender mejor las experiencias vividas por ambos grupos (la diáspora venezolana en EE. UU. y las organizaciones de la sociedad civil locales).
- La existencia de una diáspora venezolana sólida y numerosa en EE. UU. y la existencia de una sociedad civil sólida y profesionalizada en Venezuela abren oportunidades para la implementación de un enfoque de diplomacia de múltiplas vías (o multi-track diplomacy en inglés) tanto en EE. UU. como en Venezuela con el objetivo de influir en las políticas locales.
- La puesta en marcha de diálogos entre estos dos grupos clave (la diáspora venezolana en EE. UU. y las organizaciones de la sociedad civil locales), así como la facilitación de redes y el intercambio de experiencias, también representan una oportunidad para llevar a cabo una labor de incidencia basada en datos en EE. UU., respaldada por la información y la documentación de las OSC locales, y la oportunidad de promover desde EE. UU. el acceso de las OSC a financiación procedente de fuentes de cooperación internacional.
- Con el objetivo de establecer relaciones y transformar las dinámicas de poder entre dos actores clave en el proceso venezolano e influir en la transición a la democracia, los diálogos informales entre la diáspora y las OSC locales, como iniciativa inicial de intercambio de información para generar confianza, constituyen una táctica clave que debe implementarse. La creación de alianzas y coaliciones entre estos dos actores clave y entre identidades diversas es ideal para comenzar a construir poder colectivo. Las actividades de sensibilización, como campañas y diálogos sociales más amplios tras el proceso de creación de coaliciones, contribuirán a impulsar la agenda sobre la apropiación del proceso, con la posibilidad de influir directamente, más adelante, en las negociaciones políticas durante el proceso de transición.
- En el contexto actual de Venezuela, a corto plazo, el proceso solo tiene como objetivo abordar acuerdos de reparto del poder y algunas reformas institucionales, sin implicaciones importantes para la violencia estructural.
- Fechas como el 28 de julio y el 23 de enero podrían constituir una importante oportunidad para dialogar sobre el tipo de democracia que queremos y definir nuestras expectativas respecto al liderazgo político; estas fechas podrían ser una valiosa oportunidad para entablar un diálogo social más amplio. La Navidad es una oportunidad para la reunificación familiar y los encuentros presenciales entre la sociedad civil local y los venezolanos de la diáspora. Mi análisis es que la percepción de avanzar en el diseño de una agenda común podría reducir los posibles conflictos que se plantean en los momentos de incertidumbre.
Note: This is just a piece of a more extensive research and analysis carried out as part of my studies in the Master of International Peace Studies at the University of Notre Dame's Kroc Institute.
I believe that democracy should be widely participatory, so please, as you read this page, I invite you to post anonymous comments and feedback to the proposal, in this link pol.is This is intended to open a conversation, without necessarily reaching to conclusions.
Abstract:
This research argues that the challenges to guarantee Venezuelan ownership in the process of transition to democracy might have implications for the sustainability of the process in the long-term and could represent a further reason for rise of social conflict and organized violence, generating more social fragmentation. It considers that there are few chances for the current Venezuelan process to be as representative as needed. It is a conflict driven by elites, both inside and outside of the country, and the chances to address the power dynamics are very limited in the process of political transition to democracy. Which could mean that any intervention in the current context of Venezuela, in the short-term, is only aiming to address power-sharing agreements and some institutional reforms, without major implications for the structural violence.
Context:
Between 2022 and 2023, with the support of the U.S. Institute of Peace, I facilitated a series of dialogues on migration in Venezuela and Colombia, with different audiences to know: Venezuelans who have never migrated and without the intention to do so, Venezuelan migrants in Colombia, and Venezuelan returnees. These series of dialogues were implemented with the aim of gaining a deeper understanding of the complexities of the migration process and develop empathy across groups.
The main findings of these series of dialogues highlighted the transversal impact of migration on everybody’s lives, even in those who never left the country, and noted the tension between all the groups, based on common prejudices and the presence of difficult emotions such as guilt, resentment, frustration, fear and even hatred.
When asked who should lead a possible transition in the country, the Venezuelans who never left the country emphatically mentioned their own protagonic role as a compensation for staying and a reward for enduring difficult conditions, while minimizing the role of the diaspora who they consider betrayals and elite members. On the other hand, members of the diaspora consider that due to the difficult conditions in the country, the people who never left are not capable of leading a political and social transition as victims of malnourishment, lack of quality education, repression and other forms of political violence, and in some cases, members of civil society organizations in the country are considered to be allies of the government and not interested in achieving reforms of the system they benefit.
According to the International Organization for Migration (IOM) World Migration Report 2024, there are 281 million people living in a country other than their countries of birth, living in the diaspora, which equates to 3.6 percent of the global population. The literature on diaspora is diverse and often presents the ambivalent role of the diaspora as both a source of conflict and as an engine for peace. Diasporas primarily are blamed for financing war efforts and promoting extremists and uncompromising political views (Baser & Ashok, 2008) and criticized by being a long-distance nationalists who may perpetuate conflicts through political and economic support at no risk to themselves (Afolabi, 2017).
People in the diaspora could have more financial resources than the people in their home country and so can afford to finance vengeance. Additionally, they are a ready market for rebel groups touting vengeance and so are a source of finance for renewed conflict. They are also a source of pessimism for secession (Afolabi, 2017).
Diasporas also play an important role by lobbying host governments and international organizations, assisting post conflict reconstruction and in some cases helping to achieve political compromises. Diasporas understand the nature of the conflict better than the outside mediators and they can help to provide better insights to differentiate between needs and demands of the actors in their homeland conflicts (Baser & Ashok, 2008). Diasporas also provide professional resources and have the potential to serve as advisors during peace talks, and by disseminating moderate perspectives, like political compromise, tolerance, and multicultural views, through media and intellectual work, also contribute to peace processes in their home countries (Hall & Ashok, 2007).
Some of the most highlighted cases in the literature on the role of the diasporas in peace processes in their home countries, are the cases of the Liberian diaspora involvement in the Liberian civil war, and the contributions of the Irish diaspora to the Good Friday Agreements.
The Liberian diaspora in the United States, founded in 1974 the Union of Liberia Associations in the Americas (ULAA) with the aim of speaking up about the governance conditions taking place in Liberia, the corruption and inequality. However, the association shifted drastically by sponsoring and supporting rebel armed groups in different years of the civil wars, and instigating major disturbances, including the 1979 rice riots and different invasions that started the protracted civil war in 1989.
After the war, the Liberian diaspora in the U.S. shifted to funding political parties rather than rebels and continued advocating for temporary protected status (TPS) for Liberians and engaging in online media campaigns to support moderate parties and hold the government accountable. The U.S. based Liberian diaspora has been also one of the most important supporters of the Truth and Reconciliation Commission as an acceptable mechanism for dealing with wartime injustices and post conflict reconciliation (Antwi-Boateng, 2011) showing in this way the ambivalent role of the diasporas.
The strong Irish diaspora community in the United States was considered to be one of the most classic cases of diaspora's involvement in homeland conflicts. A prominent example is the influence that the Irish American diaspora community had on efforts to achieve a settlement to the conflict in Northern Ireland, by lobbying in their host country for the support of the president Bill Clinton and the subsequent achievement of the Good Friday Agreement (Hall & Ashok, 2007). which provided a framework for the peaceful coexistence of the Catholic and Protestant communities in Northern Ireland.
Since 2017 Venezuela has had a Supreme Court and several members of the parliament also in exile, and since 2024 an elected President in exile. In this sense, the words diaspora and exile, for Venezuelans, can have attached the implicit meaning of political death and inaction. However, during her lecture, Maria Corina Machado, Venezuelan political leader who was awarded with the 2025 Nobel Peace Prize “for her tireless work promoting democratic rights for the people of Venezuela and for her struggle to achieve a just and peaceful transition from dictatorship to democracy” (Nobel Peace Prize, 2025) she acknowledged the important role of the Venezuelan diaspora in the 2024 Presidential election.
The Venezuelan diaspora, unable to vote in the 2024 presidential elections due to the government restrictions to voters registration abroad, mobilized to promote and make sure that Venezuelans with the ability to vote will vote. Strategies to educate people in Venezuela on how to overcome the obstacles of the electoral system were implemented. And before and during the election day, the Venezuelan diaspora organized call-centers to contact Venezuelans in the country to encourage them to vote. As a result of these series of strategies, the political opposition won the elections and it was possible to build upon the case of certified electoral fraud. Some of the actions done from the diaspora might not seem to be very impactful in the beginning but have the power to change drastically the history of their home countries.
On the Analysis:
On January 3, 2026, the United States military launched the operation Absolute Resolve with the aim to capture Nicolás Maduro and his wife Cilia Flores. In a declaration after the operation, Donald Trump mentioned that the U.S. will govern Venezuela until there is a proper transition. Four days after the operation, Marco Rubio, U.S. Secretary of State, declared that the plan for Venezuela will consist of three steps to consider: stabilization, recovery and transition. Less than four months after the operation, the U.S. has reopened its Embassy in Caracas, U.S. high-level officials from the energy sector have visited Venezuela, the Venezuelan acting government has started a series of reforms on the economic and energy sector to facilitate U.S. investment, while structural violence continues in Venezuela, the civic space remains closed, and the process continues being elitist and mostly U.S.-led.
This peacebuilding plan considers that the lack of Venezuelan ownership during the processes of stabilization, recovery and transition will generate renewed instability and will increase the social fragmentation and risk for long-term organized violence, affecting even the U.S. interests in Venezuela. This proposal explores the peacebuilding role of the Venezuelan diaspora and local civil society actors in the Venezuelan process of transition to democracy, and considers that:
- If Venezuelans both in the diaspora and in the country gain ownership of the transition process, then the risk for long-term social fragmentation and organized violence will be mitigated, and the transition process will be more sustainable.
- If the Venezuelan diaspora and local civil society actors in the country come together with a long-term strategy, then there will be more possibilities for a Venezuelan-led process of democratization.
- If the process of democratization prioritizes the economic recovery of Venezuela, then people will trust more in the capacity of democracy to deliver and the process will be more sustainable in the long-term.
- If the humanitarian crisis and the economic recovery remains as the main topic in the public agenda in Venezuela, then there will be more possibilities for local actors' engagement because those are the current main topics of interest.
Goal of the intervention:
Build intergroup trust and enhance intergroup communications with the aim of strengthening cross-border social cohesion and contribute to the development of a joint long-term strategy and proposal for the process of democratization in Venezuela.
Objectives of the intervention:
Build understanding and a common narrative between members of the Venezuelan diaspora and local civil society actors.
Design a long-term advocacy strategy and a set of policy recommendations for the transition process and post-transition era in Venezuela.
Achieve diaspora and local civil society representation in the Venezuelan transition process.
- The current Venezuelan political conflict is not isolated from the global context. Increasing fascism and authoritarianism around the world represent an obstacle to ideas of wider social participation in the process of democratization.
- The experience of migration has impacted the groups interaction and responses to the conflict. Awareness raising on the individual impact of migration could be useful to bring more understanding of lived experiences of both groups (Venezuelan diaspora in the U.S. and local civil society organizations).
- The existence of a robust and numerous Venezuelan diaspora in the U.S. and the existence of a robust and professionalized civil society in Venezuela open opportunities for the implementation of a multitrack diplomacy approach both in the U.S. and Venezuela with the aim to influence local policies.
- The implementations of dialogues between these two key groups (Venezuelan diaspora in the U.S. and local civil society organizations) and facilitation of networks and experiences exchanges, also represent an opportunity for evidence-based advocacy in the U.S. supported by local CSOs data and documentation, and the opportunity for advocating from the U.S. to facilitate access to funding for CSOs from international cooperation sources.
- With the aim of building relationships and transforming power dynamics between two key stakeholders in the Venezuelan process and influencing the transition to democracy, informal dialogues between the diaspora and local CSOs as an initial information-sharing initiative to build trust is a key tactic to be implemented. Creation of partnerships and coalitions between the two key stakeholders and across identities is ideal to start building collective power. Awareness raising activities such as campaigns and broader social dialogues following the process of coalition building, will help to move the agenda on ownership of the process forward, with the possibility of influencing directly, later on, the political negotiations during the transition process.
- In the current context of Venezuela, in the short-term, the process is only aiming to address power-sharing agreements and some institutional reform, without major implications for the structural violence.
- Dates such as July 28 and January 23 could be an important window of opportunity to dialogue about the type of democracy we want, and frame our expectations of the political leadership, these dates could be the opportunity for a wider social dialogue. Christmas is an opportunity for family reintegration and in-person encounters among local civil society and Venezuelan in the diaspora. My analysis is that the perception of moving forward on the design of a common agenda could reduce the potential conflicts represented on the windows of uncertainty.
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